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¿Qué es la primera ley del movimiento de Newton?

Discos, té y movimiento

Una criatura con uniforme de hockey azul verdoso sostiene un palo sobre un estanque congelado, mientras un disco negro se desliza por el hielo separado del palo y hay coníferas nevadas en la orilla.

Toc. Tu palo de hockey se detiene. El disco no. Se desliza por el hielo, como si tuviera un lugar mejor adonde ir. ¿Qué lo sigue empujando? ¡No hace falta que nada lo empuje! Los objetos en movimiento no necesitan un empujón constante para seguir avanzando. Esa pequeña sorpresa ayuda a explicar un buen pase, un té servido sin sacudidas y la larguísima despedida de una nave espacial.

Sobre un estanque congelado, una criatura con uniforme de hockey azul verdoso mantiene el palo separado de un disco negro cuyas posiciones anteriores, dibujadas tenuemente, forman una línea recta hacia una portería roja con red blanca.

Una regla para el deslizamiento

La primera ley del movimiento de Isaac Newton nos dice qué esperar. Un objeto permanece quieto, o sigue moviéndose en línea recta a la misma rapidez, a menos que actúe una fuerza no equilibrada. Una fuerza es un empuje o un tirón. «No equilibrada» significa que los empujes y los tirones no se anulan entre sí. Tu palo ejerció una cuando puso el disco en movimiento. En cuanto el palo lo suelta, el disco sigue rumbo a su cita.

Un disco negro aparece sobre el hielo de un estanque rodeado de coníferas nevadas, con trazos de movimiento lateral y una flecha azul hacia arriba y otra amarilla hacia abajo en su cara frontal.

Sostenido, pero deslizándose

Pero la gravedad tira hacia abajo. ¿Por qué el disco no se hunde atravesando el hielo? El hielo empuja hacia arriba y equilibra el tirón de la gravedad. Esas fuerzas no cambian su movimiento hacia arriba ni hacia abajo. Sostenerlo no impide automáticamente que siga deslizándose. Esta tendencia a mantener el mismo movimiento, o a permanecer quieto, se llama inercia. Sin motor secreto. Sin determinación. Así se comportan los objetos.

Dos imágenes muestran un disco negro con una larga serie de posiciones difuminadas sobre el hielo a la izquierda y una serie más corta sobre una alfombra marrón a la derecha, junto a un estanque nevado con una banca y un palo de hockey.

Un viaje mucho más corto

Aun así, el disco termina perdiendo rapidez. ¿Se le acabó el movimiento? No: olvidamos el rozamiento, una fuerza que se opone al deslizamiento entre superficies en contacto. Sobre el hielo, el rozamiento es pequeño. Sobre una alfombra, es mucho mayor. Lanza el disco sobre una alfombra con la misma rapidez inicial y su gran viaje se convierte en un breve arrastrarse. El rozamiento es el freno oculto que olvidamos; el aire también se opone a su movimiento.

Una criatura con uniforme de hockey azul verdoso toca un disco con el palo en el quiebre de una línea de trazos que gira hacia una portería roja, mientras una línea de puntos sigue recta por fuera de la portería.

Un empujoncito hacia la red

De vuelta en el hielo, el siguiente pase va a pasar de largo junto a la portería. Alguien de tu equipo lo desvía con un palo. Ajá, girar cuenta como cambiar el movimiento, aunque la rapidez siga siendo la misma. Eso también necesita una fuerza no equilibrada. La ley de Newton te ayuda a apuntar: el disco no va a doblar su trayectoria solo porque la portería parezca tentadora.

Dos imágenes muestran a una criatura sosteniendo una bandeja sobre una mesa, con líneas de movimiento junto al disco y una taza de té que se agita a la izquierda y el té tranquilo y el disco más hacia el centro de la bandeja a la derecha.

Un pasajero inesperado a la hora del té

Terminó la práctica. El disco viaja en una bandeja junto a una taza de té. La bandeja arranca con una sacudida rápida; la taza traquetea y el disco se desliza hacia atrás. La bandeja se movió debajo de ellos antes de que el rozamiento pudiera llevárselos consigo. Un arranque más suave le da tiempo al rozamiento para acelerarlos juntos. Nuestro freno oculto tiene otra tarea: ayudar a llevar el té.

Dos criaturas con uniformes de hockey están sentadas con tazas humeantes en una banca junto al estanque nevado y miran una imagen de una sonda espacial con antena de plato y un recorrido punteado que se curva cerca de un planeta.

Más allá del hielo y del aire

Mientras toman té después de la práctica, la conversación pasa al pase más largo imaginable. Las sondas Voyager han viajado por el espacio durante décadas sin que unos motores las empujen continuamente hacia adelante. Allá afuera casi no hay aire que las frene. La gravedad sigue cambiando su movimiento, así que sus viajes no son deslizamientos perfectamente rectos a rapidez constante. Pero no necesitan combustible simplemente para seguir moviéndose. Ninguna alfombra cósmica pone fin al viaje.

Sobre una mesa de madera junto al estanque rodeado de coníferas nevadas hay una bandeja con un disco negro y una taza decorada de la que sale vapor sobre el té ambarino y tranquilo.

Llegada segura

La bandeja llega a la mesa y se detiene suavemente. El rozamiento frena la taza y el disco junto con ella. Ahí está la primera ley de Newton en acción: permanecer quieto o moverse de manera constante en línea recta no necesita una fuerza no equilibrada. Arrancar, detenerse, acelerar, desacelerar o girar sí. Así puedes dirigir un pase y llevar el té sin que se agite. El disco descansa junto a la taza. Al parecer, esta era su cita.