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¿Por qué es salado el océano?

La historia de la sal del mar

Un niño se toca el labio con sorpresa mientras una pequeña ola le salpica los pies a la orilla de un inmenso mar azul.

Ya lo has probado: ese intenso sabor salado cuando una ola te sorprende en la playa. El océano es salado. Muy salado. Un litro de agua de mar típica contiene unos 35 gramos de sales disueltas. ¿De dónde viene tanta sal?

La lluvia cae sobre laderas montañosas erosionadas y se reúne en pequeños arroyos que desembocan en el río al pie de la montaña.

Todo empieza con la lluvia

Empecemos en tierra firme, donde la lluvia cae sobre las montañas y recorre los valles. El agua de lluvia es ligeramente ácida porque absorbe dióxido de carbono del aire. Poco a poco, ayuda a descomponer las rocas y a liberar minerales. Es un trabajo lento, pero a la lluvia le sobra tiempo.

El agua transparente de un arroyo forma ondulaciones sobre piedras rojas, ocres y grises desgastadas por la naturaleza.

Una carga invisible

Cuando el agua pasa sobre las rocas y a través del suelo, algunos minerales se disuelven en ella. Sus diminutas partículas con carga eléctrica, llamadas iones, viajan con el agua. No puedes verlas. Un arroyo puede parecer completamente transparente y aun así transportar una carga invisible procedente de la tierra.

Un río serpentea entre colinas verdes y desemboca en un vasto océano azul a través de un estuario arenoso.

Cada río aporta un poco

Muchos arroyos se unen a ríos que acaban llegando al océano y llevan consigo los minerales disueltos. Cada río aporta poca sal en comparación con la que contiene el agua de mar. Pero los ríos siguen fluyendo, día tras día. El océano es la hucha de minerales de la Tierra, y cada río que llega a él añade un poco más.

La luz dorada del sol ilumina pequeñas olas azules bajo un cielo amplio con suaves nubes blancas.

El agua se va. La sal se queda.

La clave está aquí: el agua puede salir del océano al evaporarse y pasar al aire. En las condiciones habituales del océano, las sales disueltas no se evaporan con ella. Más tarde, ese vapor de agua invisible puede enfriarse y condensarse en las gotitas que forman las nubes, y después caer como lluvia. La sal se queda en el mar.

Una olla verde azulada con caldo dorado desprende vapor junto a una ventana de cocina soleada, con la tapa apoyada cerca.

Piensa en una olla de sopa

Es como dejar una olla de sopa a fuego lento sin tapa. A medida que el agua se va, la sal permanece y la sopa se vuelve más salada. En el océano, la evaporación también deja atrás la sal. Pero en el mar ocurre algo que no pasa en la olla: los ríos y la lluvia no dejan de devolverle agua, y otros procesos también retiran minerales.

Agua oscura y rica en minerales asciende desde chimeneas hidrotermales de las profundidades marinas, rodeadas de gusanos tubícolas y mejillones.

El fondo marino también participa

La tierra firme no lo explica todo. El agua de mar también se filtra por grietas del fondo oceánico, se calienta y reacciona con las rocas. Puede incorporar algunos minerales disueltos y dejar otros en las rocas. Las fuentes hidrotermales devuelven al mar esa agua caliente y rica en minerales. El océano y las rocas que hay debajo intercambian ingredientes continuamente.

Una costra de sal clara y charcos poco profundos que reflejan el cielo se extienden por una laguna costera desecada hasta unas colinas lejanas.

La sal también tiene salida

Entonces, ¿por qué el océano no se vuelve cada vez más salado? Los minerales salen del agua, además de entrar en ella. Algunos pasan a formar parte de los depósitos del fondo marino; otros forman capas de sal cuando se seca el agua de mar que ha quedado atrapada. La composición química del océano refleja todas esas entradas y salidas. La salinidad también varía de un lugar a otro, porque la evaporación, la lluvia y los ríos cambian la mezcla.

Cristales de sal con forma de cubo descansan sobre una piedra costera oscura en primer plano, junto a un oleaje suave al atardecer.

Todo un viaje en un sabor

La próxima vez que una ola te sorprenda con ese sabor intenso, recuerda el viaje: la lluvia sobre las rocas, los minerales en los ríos, el agua que sube al cielo y los intercambios que ocurren en las profundidades del mar. Algo tan pequeño como un grano de sal te conecta con una historia enorme. El océano guarda las huellas de todos los lugares por los que ha pasado su agua.